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Pero qué maldición me persigue con esto de los blogs. Ser wagneriano, vivir en un país de mierda (no, no es España, tranquilos), buscar cualquier cosa sobre Der Ring, toparme hace dos años con Brünnhilde y un motor que no funcionaba, olvidarme del asunto, wagnerear a oreja pelada y donde menos se debe para no morir, volver a encontrar hoy día el blog... ¡y se acabó (el blog)!
En fin, puesto que tengo menos inteligencia que un escuerzo (se nota, ¿verdad?, entre tanto posteo de superiores a mí) y ya que soy un ignorante de tomo y lomo, esperaba por lo menos seguir leyendo. Pero no, ni eso, y como buen limitado me agoto con apenas 10 horas diarias de trabajo y mi excusa se llama spleen.
Por cierto, aquesa decadencia de los foros, blogs y grupos de la red dedicados a preservar el uso neuronal, ¿es mi imaginación o un hecho real? ¿Será posible que exista una manera de complicarnos la vida -modas, noticias, política, smog, nanobots, gripes nuevas, fatiga de mundo- para quitarnos las ganas de departir siquiera por teclado? No porque seas paranoico nadie te persigue, así que no se confíen. La revolución será de boca a oído, de grupito a grupito, la revolución de unos cuantos profesores aquí y allá, de unos cuantos corros en la barra los viernes por la noche, y cuando todo esté en marcha nadie sabrá para qué, y el resto será pantallas y teclas. Tiempo de mierda, mundo de mierda, y una copa de lo que prefieras, Brünnhilde allá lejos tras la comba del mundo, dondequiera que estés. Y salud y ya terminé.
P.D. Si te sirve de algo, yo quería ser científico a mis más tiernos años, pero una serie de profesores cretinos me arruinaron la azotea y sólo me dejaron un camino: la lenta pudrición, el complejo de Adán, la intuición precoz del solipsismo, las ganas de despersonalizarme, de heteronimizarme en cada casa con ventanas con vida ajena y feliz por ajena, la neurosis cardiaca y el disfrute feroz del fracaso.
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